Esfuérzate en enseñar

 

Maestros

Si crees que la formación es cara, prueba con la ignorancia.

Pero ignora a los que te digan que guardes tus conocimientos para ti.

Porque entonces se irán contigo.

Así que, dedica todos tus esfuerzos a enseñar a los demás. Aunque…

Enseñaras a volar, pero no volarán tu vuelo,

Enseñaras a soñar, pero no soñarán tu sueño,

Enseñaras a vivir, pero no vivirán tu vida.

Sin embargo, en cada vuelo, en cada sueño, en cada vida,

perdurará siempre la huella del camino enseñado…..

Por ello, esfuérzate en enseñar

Todo lo que sabes

Todo lo que quieran

Todo lo que puedas…….

Y así, llegarás a ser eterno.

Porque lo único que crece a medida que lo vas repartiendo es la información.
¡¡Aprende a compartir. Aprende a enseñar!!

 

 

 

Oda a la venta

 

No sé por dónde empezar….

Llevo todo el tiempo como absorto. Siempre estás en mi mente….me cuesta concentrarme…..tu recuerdo…..tu esencia….. Siempre están impregnados en mí.

Todavía recuerdo la primera vez. Yo era muy joven, ¿recuerdas? Era una mañana lluviosa de septiembre, en las afueras, en una fábrica. Entendí aquel día perfectamente el mensaje que me diste.

Mucho tiempo ha pasado ya. Pero desde entonces tú eres la sirena que guía el barco de mi destino.  Y desde aquel momento que te probé, mi vida se desarrolla a caballo entre aeropuertos, estaciones de tren, hoteles, coches de alquiler….

Ese no es el mejor escenario para crear el clima adecuado para disfrutar de tu compañía, desde luego…pero más tarde, en las oficinas, en los despachos…allí sí. Eres mía.

Los años no pasan en vano y las oportunidades tampoco. Desde luego que si yo fuese más joven también ayudaría. O quizás no. Porque mi experiencia es un grado, si.

Solo soy un guerrero de la carretera….uno de tantos.
Pero es que necesito revivirte de nuevo. Porque tu fresco recuerdo de tantas y tantas veces es un premio para mí.

Hasta que hoy, por fin, te tengo de nuevo. O “venta”…..te necesito tanto.

Siempre tuyo….

Firmado:

Un vendedor enamorado de ti.

De Sirenas

Gigantes, Brujos y Enanos era el juego al que se iba a jugar.

Encargado de unos treinta niños, hice formar a mis tropas en el

salón de actos del colegio y les expliqué el juego.

Cuando la excitación de la caza había alcanzado un punto crítico. Yo grité:

¡Tenéis que decidir ahora lo que sois un Gigante, un Brujo o un Enano!

Mientras se formaban los grupos, consultando frenéticamente en voz baja,

sentí que alguien tiraba de la pernera de mi pantalón. Una niña pequeña

me está mirando y me pregunta, con una vocecilla preocupada:

¿Dónde han de estar las Sirenas?

Una larga pausa. Una pausa muy larga.

¿Dónde han de estar las Sirenas?- le digo.

Sí. Mire, yo soy una Sirena (me dice con una sonrisa en los ojos).

Las Sirenas no existen – le increpo.

¡Oh, sí, yo soy una!

No le interesaba ser un Gigante, un Brujo o un Enano. Sabía

cuál era su categoría. Sirena. Y no estaba dispuesta a abandonar

el juego y plantarse contra la pared, como habían de hacer los perdedores.

Quería participar, en el bando al que se adaptasen mejor las Sirenas en el

esquema del juego. Sin renunciar a su dignidad ni a su identidad. Daba

por sabido que había un lugar para las Sirenas y que yo sabría dónde estaba.

Bueno, ¿de qué bando están las Sirenas? ¿todas las Sirenas, todos los que

son diferentes, los que no se adaptan a la norma y no aceptan los

compartimentos y las casillas disponibles?

Contesta a esta pregunta y podrás construir una escuela, una nación

o un mundo sobre ello.

¿Cuál fue entonces mi respuesta? De vez en cuando digo la cosa adecuada.

– La sirena debe estar aquí, ¡junto al Rey del Mar! le digo.

Y allí nos quedamos, cogidos de la mano, revisando las tropas de

Brujos y Gigantes y Enanos mientras corrían desordenadamente.

Disfrutando los dos de la compañía del otro…El Rey y la Sirena.

A propósito, no es verdad que las sirenas no existan. Conozco

personalmente al menos a una. La he tenido cogida de mi mano.