FABULA DEL TENDERO QUE QUISO SER EMPRESARIO

 

Érase una vez un tendero que vivía feliz con su tiendecita. Vendía sus productos a sus clientes particulares de siempre y alguno eventual que pasaba por su bonita tienda. Con esto para él era suficiente y no necesitaba nada más.

El tendero tenía un amigo con el que se veía de vez en cuando, y al que le iba mejor que a él en su negocio. El amigo le decía al tendero

  • “Abre más tiendas. Expándete y te irá mejor”

Entonces el tendero siguió el consejo de su amigo y abrió más tiendas. Pero estas no acababan de funcionar como la primera, la suya original. No se sentía satisfecho.

Acudió al amigo de nuevo para pedirle nuevo consejo, y este le dijo

  • “pues abre un nuevo negocio. Esta vez para empresas”

El tendero, entre sorprendido y algo asustado (porque no conocía el negocio de las empresas) hizo de nuevo caso a su amigo y abrió un negocio empresarial, esta vez más ambicioso. Contrato vendedores (con mayor o menor fortuna) para ir a visitar empresas.

Pero el nuevo negocio no acababa de salir a flote, no funcionaba como él esperaba.

Desesperado, y algo preocupado por la importante inversión que había realizado en su nuevo negocio, fue a ver de nuevo a su amigo. Entonces este le dijo algo muy importante que el tendero desconocía

  • “Para dirigir un negocio empresarial, tiene que hacerlo alguien con experiencia. Contrata un profesional para que te dirija la empresa”.
  • “Pero…¿eso me costará mucho dinero?” Exclamó.
  • “Así es. Pero es necesario” apuntó el amigo.

Y así lo hizo el tendero. Contrató un profesional de reconocido prestigio en el sector y le otorgó plenos poderes para dirigir su empresa.

Entonces el profesional, cuando comprobó lo que el tendero había creado con el negocio para empresas se dio cuenta de que estaba mal. Y empezó a enderezarlo todo. Tuvo que despedir gente que no servía para el puesto,  contratar nuevos vendedores, crear procesos de negocio, marcar objetivos.

Entonces el negocio empezó a crecer, iba viento en popa, se ganaba más dinero cada día, y con esto llegó la expansión. Había que contratar más gente cada vez, y cambiarse de oficinas porque ya no se cabía. Pasaban lo años y el negocio crecía y crecía.

Pero entonces el tendero se paró a pensar un día. Y se dio cuenta que el negocio de empresas era más importante y tenía más volumen de ventas que sus tiendas. Y que pagaba mucho dinero a los vendedores de empresas y al profesional que lo dirigía todo. Y que el riesgo empresarial era mayor cada vez, aunque también lo era el éxito. Porque el crecimiento era imparable y se veía obligado cada vez a crecer más, tener más vendedores y lógicamente a pagar cada vez más, aun sabiendo que también ganaba mucho más.

Y entonces el tendero sintió pánico y recordó su época cuando solo tenía una tienda que atender con sus pocos clientes, ganando mucho menos pero sin riesgos y con todo el personal (el poco que tenía) controlado. Y aterrorizado pensó ¿y si viene una crisis? ¿Qué haré?

En ese momento, tomó una decisión. Desmontar el negocio de empresas, cerrar todas las demás tiendas,  despedir a todo el personal, y quedarse con su tienda, la suya original, la primera.

Así lo hizo. En poco tiempo todo volvió al principio, y el volvió a su tienda a atender a todos sus cliente de siempre. Y a vivir más tranquilo.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Moralejas (porque este cuento tiene más de una, claro)

  • Las crisis la generamos nosotros mismos cuando desconocemos el alcance de nuestras acciones.
  • Los negocios empresariales se diseñan para crecer desde el momento de su concepción. De otra forma no se entienden.
  • Solo con fe y valor se superan los obstáculos.
  • Muchas veces, necesitaremos la ayuda de otros para alcanzar una meta de grupo o de equipo. Seamos agradecidos con ellos, no nos debe preocupar cuánto gana el otro. Lo importante es que gano yo con ello. En definitiva en un equipo ganan todos los implicados (igual que pierden juntos).
  • Si vas a abordar un negocio, ten criterio y confianza en tus decisiones y en ti mismo.
  • Y por último….si no has entendido todas estas moralejas…..deja las ilusiones empresariales a un lado y dedícate a ser tendero.

 

Tendero

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