Reflexiones con mi primogénita (1) – “El valor de los valores”

VALORES

Apreciados seguidores,

Tras un comienzo de año inusual a nivel de trabajo, que me ha tenido absorbido prácticamente todo enero, donde un fuerte arranque de negocio ha copado incluso mi tiempo libre, por fin he nivelado las tareas y puedo dedicarle el tiempo que se merece a mi blog, y de esta forma generar alguna publicación que os pueda ser de interés y, con un poco de “buena suerte”, entreteneros en la medida de lo posible en vuestro quehacer diario, y quizás aportaros alguna idea.

Para ello, he creado una serie de “post” a los que he bautizado con el nombre de “reflexiones con mi primogénita”. Y como habréis deducido por su título, se trata de diversas conversaciones de larga duración, y profundo contenido que he tenido la oportunidad de departir con mi hija mayor, durante estas pasadas fiestas navideñas. Ya que al tenerla más asiduamente en casa (durante el resto del año no puedo disfrutar de su presencia como me gustaría porque estudia fuera de su ciudad de origen),  hemos intercambiado ciertas opiniones sobre la vida y el mundo en general, que considero que guardan directa relación con la filosofía de mi blog, que como sabéis es el management.

Las iré publicando durante las próximas semanas, intercalándolos entre otros “post” y etiquetándolas con la materia tratada en cada caso.

Y comienzo hoy con la que, a mi entender, ha sido la más compleja y beligerante de ellas. La he co-titulado “El valor de los valores”

Para desarrollar mi argumentación sobre esto, hablaré de un programa de televisión actual en España, del cual omitiré nombres, marcas, cadena, y referencias nominales al mismo para no darle mayor publicidad de la que ya tiene. Aunque la mayoría de vosotros sabréis perfectamente al que me refiero.

Llega a mis oídos a través de la denuncia que hace en Internet un conocido YouTuber, sobre este programa y los ingresos que perciben sus participantes. Es entonces cuando empiezo a investigar sobre el mismo, y a sacar mis conclusiones.

El objetivo de dicho programa es mostrar púbicamente en tiempo real, las vivencias de varias personas encerradas en una casa perdida en la sierra durante 24 horas al día.  A este tipo de espectáculos de les denomina “reality show” o “telerrealidad”. La existencia de este género televisivo empieza a principios de 1990 con la serie alemana “Nummer 28”. Aunque los especialistas en este tipo de contenidos, como no, son los americanos que han copado el universo mediático de sus cadenas con diferentes programas de todo tipo relacionados con esto, y de los que han exportado la idea inundando de “franquicias” la televisión europea.

Pero claro, si hiciésemos este programa con personas de la calle normales y corrientes, como cualquiera de vosotros o yo mismo, pues no pasaría a mayores (como ha ocurrido con otras ediciones). Porque probablemente encontraríamos un nexo de unión, ya que, por el mero hecho de leer este post los que lo hacéis, denotáis interés por algo.  Y eso, valga la redundancia,  no tendría ningún interés para el televidente de este tipo de programas, ávido de escarnio, desfachatez, caspa, lujuria y escatología (en su acepción relativa al excremento como tal).

¿Qué hacemos entonces? Pues hurgamos en lo más recóndito del panorama de “nininis” del país, si, con tres veces “ni” (ni estudian, ni trabajan, ni ganas de ello), y de ese profundo circo de los horrores intelectuales, compuesto por impresentables sin un mínimo de conocimientos de ética básicos, seleccionamos a los más incultos y decadentes, los juntamos en la susodicha casa y….¡¡zasca!!  Ya tenemos una media del 25% de share garantizado. Casi 4 millones de espectadores por programa, según datos oficiales del Estudio General de Medios (EGM) en nuestro país. Eso es nada!!

Pero es que encima, cuando se publican las cifras de ingresos que reciben los inquilinos que habitan la casa por semana, motivo de este “post” se le caen a uno las entrañas al suelo. Por ejemplo;

En la última edición especial de este espectáculo dantesco al que han denominado “VIP” (es para desternillarse), actualmente en emisión, la principal digamos “protagonista” del “reality” se embolsa nada más y nada menos que 65.000€ por semana. Suponiendo que esta “estrella televisiva” aguantase en el programa todo el tiempo que está previsto que dure (esto es unas 12 semanas) y fuese una de las finalistas, habría percibido 780.000€. Pero si además gana el concurso / reality…….se agencia (agárrense fuerte)…….. ¡¡1 millón de euros!!

Y además, si ganase (que todo apunta a que sí), se paseará por todos los programas del corazón de la cadena propietaria del concurso durante semanas alardeando de su gesta, y copando más minutos televisivos que redundarán en multimillonarios ingresos para dicho canal, y por ende, en más vergonzosas e impresionantes sumas de ingresos para la concursante ganadora.

Otro de los asombrosos “daños colaterales” del concurso este, es el “look” utilizado por sus protagonistas. Ejemplo:

En esta mencionada edición “VIP” del programa, la máxima aspirante a ganadora (que por cierto no sabe ni escribir correctamente, ni tiene oficio conocido, ni profesión que la ampare) luce todo el día (sí, sí, todo el tiempo el mismo) un pijama morado con estampado de leopardo de una marca muy conocida de ropa, y que se vende en unos grandes almacenes de renombre nacional. O mejor dicho, se vendía, puesto que actualmente está agotado en todas las tiendas. Su precio, 18,99 euros en rebajas, de los que la protagonista también cobra porcentaje. Vamos, para alucinar.

Y aquí viene el motivo del título de mi “post”. El valor de tener valores, saberlos traspasar a nuestros hijos en el futuro, y que ellos sean conscientes de ese gran legado del que les hacemos entrega. Porque ¿Qué clase de valores tienen los participantes de este concurso? ¿Son conscientes de cómo se degrada su imagen púbicamente? Está claro que sus seguidores aguantarán carros y carretas por sus ídolos, idolatrándolos y tragándose todo su contenido si apenas pestañear, y corriendo a comprar el pijama de marras. Pero el resto de mortales ¿Qué? Los que vislumbran por accidente sus desafortunadas desfachateces en programas de humor tipo “zapping”. O la prensa de otros medios competidores, que utiliza sus imágenes como munición contra ellos, y por ende, contra su competencia mediática.

Y los padres como yo, y muchos de ustedes, que deben explicarles a sus hijos el por qué es necesario estudiar y formarse para tener un futuro digno, y no caer en la tentación del dinero fácil que puede facilitar el escoger el oscuro camino de la fama a cualquier precio. Enseñando vergüenzas, intimidades y hasta sexo en algunos casos.

Pero ¿qué está pasando?

Evidentemente, hablo desde el conocimiento, ya que tengo la gran suerte de que mis hijas están a salvo de estas influencias (nuestro tiempo y dedicación nos ha costado y nos cuesta aún a los padres como nosotros, que los hay).

Pero se abre un tiempo para la reflexión. Porque no podremos inculcar fácilmente en un futuro a las generaciones venideras, que ahora pueden ver estos programas de telebasura si no los educamos correctamente, que el valor de tener valores en la vida es siempre el que te marca el camino más difícil. El del esfuerzo y el sacrificio. El de la formación y el estudio. El del trabajo y la superación.

No mientras haya incultos que sean el estandarte de todo un pueblo, a 65 mil euros por semana, a cambio de mostrar sus más recónditas bajezas. Claro que mientras haya cadenas que perpetren estos contenidos, paguen estas cantidades a semejantes personajes, y haya cuatro millones de público que los vislumbre….difícil solución auguro.

 

 

 

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