LAS 11 FASES DE LA MOTIVACIÓN DE UN EQUIPO (12)

la12-boca

12 – El Jugador Número Doce

Si, ya se. El título de cabecera de esta cadena de “post” que empecé nada más y nada menos que en septiembre de 2013 (con la intención de que fuera un “post” mensual, aunque luego los he ido intercalando con otras ideas), reza “Las 11 Fases de la Motivación de un Equipo”, ya que las relacione con el deporte rey, el futbol y sus once jugadores de campo. Pero ya cuando las idee hace años, visioné entonces en mi cabeza que eran más de 11. Lo que me situaba en la tesitura de romper el fantástico parangón que permite con el balompié. O bien idear esta otra versión de “12 jugadores” que me parece más interesante.

En el extenso ya, periodo de tiempo que llevo dirigiendo personas, he descubierto una “fase” adicional de la motivación inculcable a un equipo de trabajo. Una especie de “jugador número 12”que, si seguimos con su referencia futbolística, recuerda a los hinchas del Boca Juniors.

A la hinchada de Boca se le dice el jugador número 12… porque su aliento se siente y parece un jugador más. Sabéis de donde viene la historia? De un personaje real que le dio vida al mito. En la página de la entidad de la ribera aparece la historia de Toto Caffarena… quien realmente fue “el jugador número 12″, historia que “linko” a continuación aquí, por si alguien está interesado en profundizar en ella.

http://www.cuyonoticias.com/2014/27417/

Pero regresando al origen de mi “post”, que como por la esencia de mi blog no puede ser otro que la del “management”, diré que esa otra fase, ese duodécimo jugador es (o son) los “Daños Colaterales”. Me explicaré;

En todo equipo de profesionales que se dé, está presente este factor. Es más que cierto que, para que un equipo este correctamente motivado, exista cohesión y unidad en el grupo, y el espíritu de compromiso se arraigue entre todos sus miembros, previamente tiene que haberse dado un sacrificio. Un ejercicio de “depuración” del sistema actual en ese momento, para ser más concretos. Explicar técnicamente por qué ocurre, sería motivo de probablemente otra serie de publicaciones ya que es harto complejo, y ahora considero que no viene al caso extenderse para no perder el hilo conductor de esta publicación.

Pero está comprobado que, en todos los grupos de trabajo, independientemente del tamaño que sean, uno (o más) de los miembros del grupo (normalmente de los veteranos ya) se revela contra el novedoso método que cualquier nuevo manager pueda traer en su maleta, cuestionándolo antes de su propio conocimiento y experiencia, simplemente por sistema. Y normalmente la situación se da, al principio de tomar las riendas del grupo el nuevo superior. Cuando este es desconocido para el equipo, y su valía, capacidades y aptitudes aún son una incógnita para todos.

Entonces el manager, en aras del beneficio propio del grupo, se encuentra en la situación de  escuchar a la hinchada, ese decimosegundo “jugador” que pide a gritos la intervención del entrenador para sustituir al compañero de campo que no está dando la talla, y que pone en peligro el resultado.

Y es que el equipo, cansado de situaciones similares por parte de ese sector del grupo, tiene “calado” a ese miembro desde hace tiempo, y exige ser escuchado públicamente a la primera de cambio. Y como en una “Fuenteovejuna” de turno, clama de la justicia recién llegada, su demostración de poder.

Esa acción ejecutada consecuentemente y con diligencia por parte del manager, será un paso determinante para el resto del equipo, quién comprobará en ese momento el tipo de superior que acaba de llegar a la posición (para bien o para mal).

Y aunque la expresión “daño colateral” fue utilizada inicialmente con fines armamentísticos, para referirse al daño no intencional o accidental producto de una operación militar, etimológicamente hablando, es un eufemismo, ya que enmascara su significado real. Dado que el adjetivo “colateral” no parecerá haber sido utilizado como un sinonimo de “sin intención” o “accidental”, es una decisión de tipo empresarial como la que el manager tendrá que tomar para con el “miembro revelado del grupo”, si efectiva y finalmente decide tomar las riendas de su nuevo equipo.

La otra opción es no iniciar el camino de la toma de decisiones. Aunque entonces, quizás el mal pueda ser aún mayor.

 

 

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